La muerte se ha vuelto condición ordinaria del presente. No como hecho excepcional sino como atmósfera; algo que coexiste con lo cotidiano, que respira junto a nosotros en los conflictos que persisten, en los desplazamientos que convierten la pérdida en geografía, en las tecnologías que extienden la existencia más allá del cuerpo y en los vínculos que se transforman sin desaparecer del todo.
El tercer número de MORPHEÚS habita esa pregunta sin pretender clausurarla. Convoca reflexiones desde la psicología, el psicoanálisis y las ciencias humanas que interroguen la muerte como fenómeno, como metáfora y como experiencia; no para mirar hacia el final, sino para leer en ella la huella de nuestras formas de vivir, relacionarnos y crear sentido. Vida y muerte no son estados que se excluyen, son condiciones que se atraviesan, y pensar esa tensión es condición de cualquier elaboración posible.
Porque incluso en medio del fin, algo sigue respirando.